domingo, 12 de noviembre de 2017

EL SEMINARIO DE LA VICEPRESIDENCIA SOBRE LA REVOLUCIÓN RUSA

10-11-17
Int. N.o  402
EL SEMINARIO DE LA VICEPRESIDENCIA SOBRE LA REVOLUCIÓN RUSA
En los predios de la Vicepresidencia del Estado, se ha realizado un Seminario dedicado a las reflexiones sobre la Gran Revolución Socialista de Rusia.
Entre los participantes, elegidos a dedo por la Vicepresidencia, se contaban intelectuales internacionales como Emir Sader, Pablo Iglesias, el ruso Schelchkov,  el argentino Horacio Tarcus, y otros nacionales como Gustavo Rodríguez  y Magdalena Cajías.
La mayoría de las intervenciones desviaron lamentablemente el curso del debate referido a la propia Revolución y sus consecuencias más importantes.
Algunos de ellos como por ejemplo el ruso Schelchkov, se dedicó exclusivamente a criticar al bolchevismo y a expresar su admiración por el movimiento eserista de los nacionalistas revolucionarios que en realidad jugaron un papel contrarrevolucionario.
Tarcus nos habló largamente de los orígenes del Partido Comunista Argentino en sus detalles más mínimos e intrascendentes
Otro de los participantes fue Galia Domic que se limitó a leer el libro de su padre Marcos Domic, jefe del PCB.
Por su parte Gustavo Rodríguez ocupó su tiempo hablándonos del Ché Guevara y su lucha en Ñancahuazú, incluyendo una entrevista a Mario Monje (1) una verdadera desnaturalización de la esencia del debate.
Magdalena Cajías nos habló de la Revolución Cubana como de naturaleza muy diferente a la revolución bolchevique.
Por nuestra parte, Nuestro Partido estuvo presente con una ponencia muy clara dedicada a enaltecer la importancia histórica universal de la Revolución Bolchevique bajo la dirección del camarada Vladimir Ilich Lenin y luego la construcción socialista como la consecuencia más importante y relevante para la historia universal que representa la consciencia revolucionaria de construir una nueva sociedad, una sociedad socialista avanzada con los grandes planes quinquenales, la colectivización de la agricultura, la industrialización acelerada y la electrificación de todo el país.
Después se recordó el gigantesco esfuerzo comunista bolchevique de derrotar en la más sangrienta guerra de exterminio que provocó el hitlerismo genocida y la victoria final después de Stalingrado.
Estos elementos tan fundamentales estuvieron totalmente ausentes en los debates que salían frecuentemente por “peteneras”.
 Si comparamos las diversas intervenciones podemos constatar que todas ellas, exceptuando la nuestra, desviaron deliberadamente la esencia misma de la temática revolucionaria de Octubre. Observaron la revolución como un fenómeno totalmente ajeno a sus propias experiencias y en condición de analistas y comentadores “imparciales”.
Tocaron puntos tan alejados que definitivamente rebajaron sustancialmente el debate que, en nuestro concepto, debió tratar los grandes problemas que siguieron a la construcción del nuevo poder, es decir, en la terminología tradicional, la toma del poder político.
Se hizo presente en forma muy nítida el conocido “Paradigma Totalitario” o “Modelo orweliano”:
Eduardo Nuñez nos decía:
“Transcurridos más de 50 años de la muerte de Josef Vissarionóvich Dzhugashvili (Stalin), persiste el debate entre sus detractores y defensores. ¿Por qué razón perdura en el tiempo esta polémica? Las razones son obvias, se quiera o no, la imagen de Stalin está estrechamente ligada con la primera experiencia (duradera en el tiempo) de un Estado Socialista. Stalin fue el máximo dirigente del Partido Comunista (Bolchevique) y, por tanto, tuvo un papel decisivo en la historia de la Unión Soviética a lo largo del período 1924-1953. Así pues, la causa de este eterno debate tiene su origen en la necesidad de un balance histórico capaz de extraer lecciones de la primera experiencia socialista de la historia, así como de su deterioro y colapso en 1991. Este debate lejos de estar acabado –como les gustaría a los dogmáticos que se quedaron en tesis y fórmulas simplistas del siglo pasado—podríamos decir que se encuentra en sus orígenes…”
“Hoy las personas que tienen el coraje de defender el socialismo soviético y a Stalin en su contexto histórico concreto son tratados como nostálgicos y dogmáticos, son manejados con todo tipo de epítetos hirientes, se les coloca en la esfera de los fieles seguidores del ser diabólico, despiadado, inhumano y paranoico cuyo sistema totalitario perpetró los crímenes más atroces y bárbaros que la mente humana pueda imaginar…” (2)
Es éste, precisamente, el “Paradigma Totalitario” que en el Debate actual de la Vicepresidencia tomo el camino simplista del silencio con respecto a Stalin y su participación en la Revolución y sobre todo en su consecuencia principal, la construcción socialista. Ya no se propalaron los epítetos a los que se refiere Nuñez, se prefirió el silenciamiento digno del “Paradigma Totalitario”.
No pudimos escuchar ni siquiera una sola vez la referencia a Stalin en las intervenciones, pero sí, frecuentemente las referencias a Trotski y al intelectualismo que dominó el debate.
Para los defensores del “Modelo Orweliano”, debemos informarles que, en una encuesta realizada últimamente en Rusia, los ciudadanos rusos pusieron a la figura el recuerdo de José Stalin en primer lugar de las preferencias históricos rusas, segundo fue Pushkin, tercero Putín y en cuarto lugar V.I. Lenin. Nadie se acordó de Trotski y mucho menos de Jruschov en las manifestaciones de recordación del Centenario, los mismos que quedaron y quedan en el basurero de la historia.
En resumen, podemos decir que el Seminario tuvo su importancia por el solo hecho de tratar el tema, empero su propio desarrollo tuvo falencias propias de la militancia de los participantes en el “Paradigma Totalitario” o el “Modelo Orweliano”.
Notas.
1.    La referencia a una entrevista a Mario Monje de parte de Gustavo Rodríguez, nos parece una verdadera aberración introducir a una figura tan mediocre y oscura, en un debate tan importante.
2.    Nuñez, Eduardo. “Stalin: Modelo Orweliano o Paradigma Totalitario”. Contribución a la polémica entre Celia Hart, Israel Shamir y Oscar Egido.

PCmlm.

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