viernes, 18 de enero de 2013

LUMUMBA Y EL CONGO


LUMUMBA Y EL CONGO
 l Congo me ha hecho;
 yo hago al Congo,
 lo prolongo.
Patrice Lumumba.

1. LA HISTORIA REVOLUCIONARIA DEL CONGO.

El Congo ex-Belga, luego Zaire bajo la dictadura del nefasto Mobutu y nuevamente Congo Democrático bajo la conducción revolucionaria de Laurent Desiré Kabila, protagonizó una de las revoluciones más importantes, heroicas y sacrificadas a mediados de la centuria pasada por lograr su independencia y su autodeterminación. Chocó su indeclinable amor por la libertad con la confabulación más indigna de todo el siglo de parte de los poderes imperiales y del poder colonial belga que, utilizando malignamente las diferencias tribales y la demagogia más desenfrenadas, trataron de impedir que surja en el corazón el Africa una poderosa nación como ejemplo para todos los pueblos africanos.

El drama contemporáneo congoleño se inicia en 1960, cuando los vientos anticolonialistas soplaban vigorosamente en todo el continente negro. Efectivamente, el 1° de julio, Bélgica, a regañadientes, concedía la independencia al Congo en una ceremonia que tenía la presencia del Rey belga Balduino.

Poco a poco se va destacando nítidamente la figura singular y heroica de Patrice Lumumba como líder indiscutible de un Estado y pueblo multinacional que se encontraba en pleno proceso revolucionario con el repliegue del colonialismo. Sin embargo, el Congo tenía un territorio muy rico en materias primas naturales, sobre todo la provincia de Katanga, al sur, donde tenía su base la famosa Empresa multinacional del uranio, La Unión Minera de Alto Katanga. Naturalmente, los poderes mundiales de Occidente, no podían permitir la pérdida de esas riquezas y planearon meticulosamente la agresión al Congo y la transformación de la independencia en un proceso manejado por ellos y lograr la dependencia de nuevo tipo al estilo latinoamericano de democracia e independencia formal y sujeción y dependencia total en lo económico y político.

Inmediatamente después de la declaración de la independencia, se fue desplegando el plan criminal del imperialismo norteamericano y sus aliados: el colonialismo belga y las Naciones Unidas, bajo la conducción de su secretario general Dag Hammarskjold. Reconociendo formalmente la independencia del Congo y la dirección real de Patricio Lumumba, se acordó la presencia en el país de fuertes contingentes de Naciones Unidas para "garantizar" la transición pacífica a la independencia y la "protección" de los europeos residentes en el Congo. Esos contingentes eran precisamente los encargados de escamotear la libertad que había conseguido el pueblo en su lucha heroica.

A los pocos días, el 11 de julio de 1960, continúa el drama con la declaración de "independencia" de Katanga como «estado» al margen del Congo bajo el liderazgo espurio de Moise Tshombe, una miserable marioneta de los poderes imperiales que, traicionando a su pueblo y a su raza, se pone al incondicional servicio de los intereses anti-nacionales de la forma más brutal y cínica. En realidad se declara una verdadera guerra interna porque por arte de magia, Tshombe muestra todo un ejército organizado, naturalmente por los mercenarios belgas que bien pagados por la Unión Minera, comandan destacamentos racistas. Las fuerzas patrióticas que respaldan al gobierno del Primer Ministro Lumumba, tienen el pleno apoyo del pueblo, las masas populares comienzan a comprender que en Lumumba tienen un líder incorruptible que lucha y luchará junto a su pueblo contra sus enemigos. Su prestigio crece como las "sombras cuando el sol se pone" y ése es pues un gran peligro para los espurios intereses de Occidente.

Sin la ayuda o mejor intervención directa de los mercenarios y las tropas de las Naciones Unidas, la guerra civil interna hubiera terminado muy rápidamente dado el enorme prestigio de Lumumba y el respaldo de todos los pueblos congoleños a su conducción y su política. Sin embargo, además de esas fuerzas externas reaccionarias, se contaba con la hipócrita y solapada acción del Secretario de las NNUU, Dag Hammarskjold, que estimulaba y protegía ladinamente a Tshombe mientras saboteaba de todas las formas posibles a la administración legal de Lumumba. He aquí las pruebas:

«En mi conferencia de prensa de ayer expresé las graves razones que impulsaron al gobierno a pedir al presidente del Consejo de Seguridad que examinase el problema del envío inmediato de un grupo de observadores neutrales al Congo para asegurar el control de la aplicación de la resolución del 14 de julio de 1960.....
(La resolución del 14 de julio decidió el retiro de las fuerzas militares de Bélgica del Congo, el envío de tropas de la ONU y la colaboración con el gobierno legítimo de Lumumba. A esta resolución siguieron otras dos en el mismo sentido)
El secretario general de las Naciones Unidas actuó como sí no existiese un gobierno de la república....

El pueblo congolés considera sus contactos y reuniones con Tshombe, así como las seguridades que dio a éste como una pura traición... En el Congo nadie aprueba las medidas que hasta ahora han sido tomadas en cuanto al problema del Congo, por el Secretario General.... Muchos crímenes se han perpetrado en Katanga debido a la demora del secretario General de las Naciones Unidas en cuanto a la puesta en vigencia de las decisiones de las Naciones Unidas... Esos repugnantes crímenes han sido ocultados al público... Todos los días recibo alarmantes noticias de distintas partes de Katanga, y todos los días la población de Katanga pide al gobierno que intervenga y la libre de la opresión del grupo Bélgica-Tshombre... Ha transcurrido más de un mes desde que depositamos nuestras esperanzas en las Naciones Unidas, más de un mes de espera. Hace ya más de un mes que esperamos que su resolución se cumpla.... Somos los amos de nuestro destino y haremos del Congo lo que queremos que sea, y no lo que quieran otros...»     (1).

Lumumba pudo comprobar en la práctica que Hammarskjold, el Consejo de Seguridad y las Naciones Unidas, así como Bélgica y los Estados Unidos, no solamente pretendían derrocar al gobierno legítimo, sino también desmembrar al Congo para convertirlo en una serie de mini-estados más susceptibles de dominación (divide y vencerás).

«Nosotros conocemos los horrores del colonialismo pero éste creo, nunca había llegado a un punto tan bajo y tan vergonzoso. ¿Qué quieren los belgas?. Ellos saben que sin nuestras riquezas, su país y su economía se verán en dificultades. Por esta única razón, por el egoísmo y la ceguera de un grupo de rapaces aprovechadores, de hombres que con sus sociedades anónimas chuparon durante un siglo nuestra sangre, han provocado la crisis congolesa, lanzando al mundo al borde de una guerra...» (2).

«La continuación de la crisis política provocada por el jefe de Estado, señor Kasavubu, el 5 de septiembre de 1960, torna inminente el grave peligro de la total disgregación del Congo. Un régimen de anarquía y dictadura ha reemplazado el régimen democrático establecido por el pueblo congolés el 30 de junio de 1960. Una minúscula minoría asesorada y financiada por ciertas potencias extranjeras, se dedica a una permanente actividad subversiva. La capital de la república es escenario de desórdenes, en los que un puñado de militares a sueldo violan incesantemente la ley y el orden...» (3).

Poco a poco y sistemáticamente la subversión, el sabotaje y la infamia, se van convirtiendo en acciones militares agresivas directas contra el gobierno legítimo y legal. Se trata, para ganar la guerra, de sacar del camino al principal obstáculo, se trata de aniquilar a Patricio Lumumba.  El 23 de julio de 1960, Lumumba emprende viaje al extranjero en un intento de conseguir apoyo internacional a su gobierno. Visita, en primer lugar los Estados Unidos, es decir a las Naciones Unidas y luego varios países africanos de los cuales obtiene apoyo total e irrestricto y entonces nacerá la Conferencia Panafricana de Leopoldville realizada del 27 al 31 de agosto.

El 5 de septiembre se precipita la crisis y naturalmente el enfrentamiento decisivo entre las fuerzas patrióticas y revolucionarias de Lumumba y las fuerzas del imperialismo y sus lacayos de las NNUU y las locales vendidas o compradas. El presidente de la República del Congo, Joseph Kasavubu destituye a Lumumba y el jefe militar, la siniestra figura del futuro del Congo Joseph Mobutu, cierra violentamente el parlamento legítimo que había dado una y otra vez votos de confianza al primer ministro Lumumba.

Un régimen parlamentario, como era el congolés, no permitía ninguna destitución por parte del presidente, ya que el primer ministro tenía respaldo pleno del parlamento. Entonces, se trataba claramente de un golpe militar que desata un gran caos, pues las fuerzas lumumbistas eran muy grandes y emprenden la resistencia y la oposición al régimen ya dominado por la figura siniestra de Mobutu Sese Seko.

El caos total se hace cargo del Congo y en Occidente se extiende, como reguero de pólvora, la versión de las 'atrocidades' cometidas por las fuerzas lumumbistas contra los europeos. Claramente se utiliza la noticia para justificar la intervención armada, con careta de la ONU, de las potencias occidentales, Inglaterra, Francia y Bélgica. Pero, una fuente neutral, señala que los abusos de todas las partes tienen el siguiente carácter:

«Echando una mirada retrospectiva sobre aquellas jornadas, resulta evidente que las violencias no alcanzaron nunca proporciones catastróficas. Los europeos muertos fueron quizá una docena. Las violaciones fueron acompañadas a menudo de actos encaminados a humillar el máximo a las mujeres víctimas. Los malos tratos infligidos a los hombres tendían sobre todo a degradarles. A menudo fueron elegidos sacerdotes y monjas, para hacerles objeto de insultos especiales. Los autores de las violencias fueron casi siempre soldados y policías, los paisanos tomaron raramente la iniciativa de atacar a nadie. En muchos casos, la mera intervención de un solo suboficial africano disciplinado o de un servidor adicto bastó para proteger a los europeos... Ocurrieron algunas cosas terribles..., pero la entidad de las violencias no debe ser exagerada: entre casi ochenta mil belgas residentes en el Congo en el momento de su independencia, menos del uno por ciento tuvo que lamentar auténticos malos tratos. (Colin Legum). Según el libro blanco, el balance de dos semanas de revuelta se resume en quince blancos muertos (diez a tiros, dos quemados y tres lapidados) doscientas cincuenta y una mujeres europeas violadas y doscientas treinta personas gravemente maltratadas. Crawford Young comenta: Aunque se ciertos momentos hubieron podido producirse auténticas matanzas, el número de los muertos europeos fue relativamente insignificante y no sobrepasó las dos docenas...» (4)

Es en esta época cuando surge la intervención abusiva y cínica de los mercenarios europeos utilizados por el colonialismo contra el pueblo congolés. Se abren verdaderas oficinas de reclutamiento de los llamados "perros de la guerra" es decir asesinos profesionales, terroristas de tendencias fascistas y delincuentes comunes que bien pagados por los gobiernos de Bélgica, Francia e Inglaterra, para apoyar a Tshombre y en general a todas las fuerzas reaccionarias del Congo en su infame guerra contra un pueblo pobre y desarmado.

"Para ello (para prever la pronosticada repatriación de los oficiales  europeos) se abrieron en Europa, Suráfrica y Rhodesia diversos centros de reclutamiento; mientras el ministerio katangueño de Defensa  José Yava, en misión especial en Francia, conferenciaba con los círculos militares de aquel país y el coronel Trinquier -un veterano de Argelia pasado al servicio de la provincia secesionista-, se encargaba de seleccionar y enrolar los elementos idóneos. +A través del mundo, desde los bares lóbregos de Johanesburgo, desde los contornos de la plaza Brouckere de Bruselas a los ´pies negros´ de Marruecos y de Tunez, comenzó a correr la voz de que todos los exmilitares podían entrar en servicio en Katanga como instructores... No hacía falta más para que desde Bélgica, Africa del Sur y del Norte, Medio Oriente e incluso Canadá, un río de aventureros... intentase llegar a Katanga... No obstante, la mayor parte eran belgas..."(5)

Los nombres tenebrosos de Guido Weber, Champión, Crevecoeur, Renato Faulques,  Andrés Crémer,  Mike Hoare, Jean Schramme (Black Jack), están estrechamente ligados a los verdaderos crímenes de lesa humanidad que se cometieron en el Congo y que fueron maliciosamente cargados a los luchadores por la independencia. La infamia de los mercenarios, no tiene nombre, sin embargo las famosas Naciones Unidas jamás se dieron por enteradas de las atrocidades cometidas por esta carroña humana que tuvo en el Congo su principal escenario.

Estos mercenarios comandaron las fuerzas de Katanga que intentaron aplastar la revolución, pero fueron sobre todo las maniobras contra Lumumba las que determinarían la derrota temporal de la revolución.

La ayuda militar abierta e ilegal de Bélgica y sus aliados a Tshombe y su "estado" secesionista fluía desde Europa a través de los puentes aéreos establecidos oficialmente por las autoridades y en abierta violación de los acuerdos de las Naciones Unidas:

"El 19 de julio, los efectivos metropolitanos en el Congo sumaban diez mil hombres, ocho mil de los cuales se hallaban en Katanga. Entre el 11 de julio y el 8 de septiembre de 1960, un puente aéreo transportó desde Bruselas a Lubumbashi más de cien toneladas de armas -morteros, ametralladores, carabinas automáticas FN 38-, con sus correspondientes municiones....."(6).

Occidente, representado esta vez por la diminuta y ridícula nación belga, se movía desesperadamente para asesinar a Lumumba y retener el enorme territorio del Congo y sus riquezas naturales. Todos los medios, sin excepción alguna, eran empleados por Bélgica y sus aliados para impedir la libertad del Congo. La historia contemporánea no ha hecho el menor esfuerzo para denunciar esa infamia hecha política el año de 1960 contra el continente negro.

Pero, todavía debía llegar lo peor, es decir el frío y brutal asesinato de Patricio Lumumba el héroe máximo del Africa negra en la lucha por su independencia y libertad.  Bélgica y la administración norteamericana de Eisenhower montaron la siniestra operación "Barracuda" que consistía en la eliminación física de Patrice Lumumba. Desde su ilegal "destitución" por parte del Kasavubu, aquel había permanecido expectante en su residencia para ver cómo reaccionaba el pueblo congoleño respecto de las mutuas "destituciones". Claramente, si se hubiera obrado honrada y democráticamente, el destituido hubiera sido el Sr. Kasavubu y el verdadero poder hubiera pasado al Primer Ministro. Entonces, consciente de que su ruptura con el "presidente" era definitiva, decide trasladarse a Kisangani, la provincia oriental (Antiguo Stanleyville), donde su popularidad era incontestable. Su domicilio, en Kinshasa había estado resguardado por tropas africanas de las Naciones Unidas, pero un círculo exterior tenía tropas gubernamentales, con el claro propósito de impedir los movimientos de Lumumba.

 La noche del 27 de noviembre, Lumumba clandestinamente viaja hacia la provincia oriental desorientando a sus guardianes.

"Un convoy de ocho automóviles salió hacia Port Francqui, sin ser visto ni molestado al atravesar la capital; dicho convoy conducía, con el premier, al vicepresidente del senado, José Okito, al ministro de la Juventud Mauricio Mpolo, al ministro del Interior, Cristóbal Gbenye; y al ministro de Información, Aniceto Kashamura...."(7).

Sin embargo, la confianza de Lumumba era muy grande y en lugar de apresurar su viaje hacia una base segura, se distrajo mucho tiempo para responder a las manifestaciones de apoyo y respaldo entusiastas y calurosos que recibía de todas las poblaciones y comunidades por las que pasaba. El gobierno de Kasavubu y de Mobutu, comprendieron que si Lumumba llegaba a Kisangani, podría fácilmente levantar a todo el país en su respaldo poniendo en serios aprietos a los usurpadores del poder público.

Comenzó una persecución salvaje y brutal contra  Lumumba. Aviones, helicópteros, carros de combate y todos los recursos se emplearon para capturar a Lumumba.

«La CIA y otros servicios especiales extranjeros colaboran en la búsqueda del gran líder: una nave aérea con piloto europeo rastrea la dirección en que se han producido las concentraciones populares espontáneas e inoportunas, lo que facilita la localización del convoy donde viajaban Lumumba, su esposa, un hijo pequeño y varios compañeros.

En la madrugada del 2 de diciembre Lumumba es hecho prisionero en las cercanías de Port Franqui, conducido en avión a la capital y de allí al campamento militar de Thysville...El 17 de enero de 1961, en unión de sus ministros... también prisioneros y torturados como él, es enviado por Mobutu, atadas las manos a la espalda, a Elizabethville, capital de Katanga. La CIA, que cuenta con la luz verde de la administración Eisenhower, quiere dejar este asunto antes del cambio de poderes en los Estados Unidos. Un anterior intento de dos agentes de la CIA por envenenarlo había fallado.

Ese mismo día de su llegada, Lumumba es vilmente asesinado junto a sus compañeros, cerca del aeropuerto, con la participación de Munongo, ministro del Interior del Gobierno secesionista de Tshombe..."(8). 

El asesinato de Lumumba produce una conmoción en todo el mundo. Un líder africano de su prestigio, en el año de Africa (1960), reconocido ampliamente por su propio pueblo, admirado por su dignidad ante los poderes mundiales, es eliminado ante la faz del mundo por un régimen títere de Occidente después de sufrir torturas dignas del Medioevo europeo.

La desaparición de Lumumba marca un hito en la historia de Africa. A partir de entonces, la lucha se profundiza y alcanza los niveles de la guerra popular revolucionaria prolongada no solamente en el Congo sino en una serie de países africanos. Sin embargo no existe ya el líder carismático que conduzca la gran lucha. Occidente puede vanagloriarse de haber ganado una batalla histórica contra un hombre solamente armado por su dignidad.

El movimiento lumumbista se repliega a la provincia oriental bajo la dirección de Antoine Gizenga y comienza la desigual lucha armada contra Mobutu, Tshombe, Kasavubu, el colonialismo belga y su aliado el imperialismo norteamericano. Gizenga y su gobierno reciben el respaldo de los países recién liberados de Africa y del mundo socialista, por lo mismo tiene todas las posibilidades, aún sin Lumumba, de conseguir grandes victorias y la verdadera independencia del Congo. Se inicia una larga lucha con victorias y derrotas de la lucha armada. Gizenga es derrocado por las constantes y permanentes intrigas de Occidente.

Pierre Mulele, toma la posta lumumbista y desarrolla la guerra revolucionaria contra un régimen monstruoso y dinosáurico  que tiene a un tirano despreciable y deforme como Joseph Mobutu Sese Seko. Mulele es, seguramente, el más firme sucesor de Lumumba, tiene concepciones muy claras en cuanto a la revolución y por ello toma contacto con China maoísta en la cual encuentra pleno apoyo para el desarrollo de la guerra popular.

Lamentablemente comete el error de confiar en un acuerdo logrado entre el Presidente progresista de Congo (Brazaville), Marien N'Gouabi y el dictador Mobutu, regresa a Kinshasa, es recibido con honores por el sátrapa, pero pocos días después es apresado y asesinado luego de infligirle brutales torturas pues se dice que fue arrojado a un foso lleno de cocodrilos, como en el caso de Lumumba.

ANEXO.

«LA ULTIMA CARTA DE LUMUMBA A SU MUJER, PAULINE. (*)

Mi querida compañera:

Te escribí estas palabras sin saber siquiera cuándo te llegarán ni si estaré con vida cuando las leas. A lo largo de toda mi lucha por la independencia de nuestro país, nunca he dudado, ni un instante, del triunfo final de la causa sagrada a que mis compañeros y yo hemos dedicado toda nuestra vida. Pero aquello que nosotros queríamos para nuestro país, su derecho a una vida honorable, a una dignidad sin mancha, a una independencia sin restricciones; el colonialismo belga y sus aliados occidentales, que han encontrado apoyo directo e indirecto, declarado y no declarado, entre algunos altos funcionarios de las Naciones Unidas (*) --ese organismo en el que depositamos toda nuestra confianza cuando apelamos a su asistencia--, ellos, nunca lo han querido.

Ellos corrompieron a algunos de nuestros compatriotas y compraron a otros, contribuyeron a deformar la verdad y a ensuciar nuestra independencia. ¿Qué más puedo decir? Que muerto, vivo, libre o encarcelado por orden del colonialismo, no es mi persona lo que cuenta: cuentan el Congo, y nuestro pobre pueblo, con su independencia transformada en una jaula, donde se nos mira desde afuera, ya con cierta compasión benévola, ya con alegría o placer. Pero mi fe seguirá inmutable.

Sé, y lo siento desde el fondo de mí mismo, que tarde o temprano mi pueblo se librará de todos sus enemigos, internos y externos, que se levantará como un solo hombre para decirle que no, al colonialismo degradante y vergonzoso, y para reconquistar su dignidad bajo un cielo puro.

No estamos solos. Africa, Asia y los pueblos libres y liberados en todos los rincones del mundo estarán  siempre al lado de los millones de congoleses, que no cesarán de luchar sino el día en que ni los colonizadores ni sus mercenarios existan ya en nuestro país.

Quiero que a mis hijos, a quienes dejo para no verlos quizá nunca, se les diga que el futuro del Congo es hermoso. El Congo espera de ellos, como de todo congolés, la ejecución de la sagrada tarea de reconstrucción de nuestra independencia y de nuestra soberanía; porque sin dignidad no hay libertad, sin justicia no hay dignidad y sin independencia no hay hombres libres.

Las brutalidades, las sevicias, las torturas, no me han inducido nunca a pedir clemencia, porque prefiero morir con la frente alta, con mi fe inconmovible y mi confianza profunda en el destino de nuestro país, antes que vivir en la sumisión y en el desprecio a los principios que me son sagrados.

La historia dirá un día su palabra, pero no será la historia que se enseñe en Bruselas, en París, en Washington o en las NN UU: será la que se enseñe en los países liberados del colonialismo y de sus títeres. Africa escribirá su propia historia, de gloria y de dignidad, al norte y al sur del Sahara.

No me llores, compañera. Sé que mi país, que sufre tanto, sabrá defender su independencia y su libertad.

! Viva el Congo !       ! Viva Africa !

Patrice Lumumba. 

NOTAS  BIBLIOGRÁFÍCAS
1. Lumumba, Patricio. "Libertad para el Congo". Editorial Platina.  1962. Págs. 90, 91 y 92.
2. Idem.  Pág. 86.
3. Idem.  Pág. 114.
     4. Gianturco, Corrado.  "La Revolución Congoleña". Editorial Bruguera. España 1972. Págs. 184 y 185.
5. En Gianturco. p. 244 y 245.  R. Trinquier, citado por Jules Chomé. Op. Cit. Pág. 353
6. Idem. Gianturco.   Págs. 216 y 217.
7. Idem. Gianturco.  Págs. 242 y 243
8. Lumumba. Citada. Págs. 132 y 133.



No hay comentarios:

Publicar un comentario